M. en C. Sergio Antonio Salazar Lozano
"Aquel que me da, me enseña a dar."
Proverbio Alemán.
La donación altruista es un concepto de aplicación relativamente nuevo aún para los países desarrollados. A guisa de ejemplo podemos tomar el caso de nuestros vecinos del norte. En 1982 cerca del 2% de las donaciones en los Estados Unidos de Norteamérica provenían de donadores altruistas. En aquel entonces no era extraordinario que un individuo vendiera hasta 60 litros de su plasma (fracción sanguínea libre de células) al año, lo que equivalía aproximadamente a un ingreso de 3000 dólares anuales. Estos números en nuestro país son difíciles de conseguir, pero podemos imaginarlos si tomamos como base el comportamiento estadounidense.
A principios de la década de los ochenta entra en la escena mundial el VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana) como un patógeno elusivo, letal y con una distribución de carácter pandémico (distribución mundial). El primer examen de laboratorio desarrollado para su detección fue por medio de la metodología de ELISA (nombre que pegó y sigue utilizándose hasta nuestros días aún cuando muchas veces no es preciso) y para noviembre de 1984 éste era utilizado por investigadores tanto en los estados unidos de Norteamérica como en Europa. Su uso como prueba rutinaria de tamizaje se extendió a los Bancos de Sangre de todo el globo en los ochentas. Posteriormente la introducción de mejores principios de detección -como en nuestros días lo es la electroquimioluminiscencia- sustituyeron al examen de ELISA.
Existen obvias restricciones de espacio en este mensaje, por lo que la exposición situacional de la época es evidentemente reduccionista. Sin embargo, cabe mencionar que el VIH no fue el único detonante de lo que sería una serie de cambios dramáticos y obligados en las regulaciones de los Bancos de Sangre de todo el mundo, la hepatitis B y en mucho menor grado otros agentes infecciosos coadyuvaron en la estimulación de la conciencia y el esfuerzo de políticos, científicos y médicos.
Entre los principales cambios consecuentes a esta revolución en las regulaciones de los Bancos de Sangre se hizo patente la vehemente penalización a cualquier Institución que aceptara productos sanguíneos de donadores “profesionales”, es decir, donadores pagados explícitamente por su servicio. La única opción en la actualidad es la donación sanguínea voluntaria no retribuida. El fundamento de semejante ley es que aún las técnicas de detección más sensibles para agentes infecciosos como el VIH, definitivamente no son capaces de identificar a un individuo infectado antes de que cumpla quince días tras la infección, además existe una “zona gris” en el tiempo que abarca de los quince días a los tres meses pos-infección en los cuales no es posible establecer con absoluta certeza la negatividad al VIH. Un examen negativo sólo es confiable después de tres meses de haber incurrido en una práctica riesgosa (aunque aún en estos casos la positividad no puede excluirse al 100%, pues existen casos reportados de personas que tardan aún más en montar una respuesta inmune medible por las metodologías de detección modernas). Es por esto que los estudios de laboratorio se complementan con una historia clínica en donde es posible identificar si existe riesgo alguno de infección en este periodo. La única condición para hacer este protocolo efectivo es que el donador responda con veracidad en todo momento y, para tal fin, es indispensable que el mismo no se encuentre motivado por otro interés que el bienestar del paciente que necesita su sangre.
Independientemente del aspecto infeccioso, las respuestas en la historia clínica para Banco de Sangre deben ser verdaderas pues aquí se detectan condiciones como el sometimiento a una terapia medicamentosa, lo cual también es delicado y relevante. Debemos estar concientes que el receptor sanguíneo es un individuo con un sistema debilitado, una transfusión adecuada puede salvarle la vida, una inadecuada puede condicionar su salud en adelante (p. ej. si se infecta con hepatitis), condenarlo a sucumbir en el futuro (p. ej. si se infecta por VIH) o matarlo inmediatamente.
La donación altruista es una necesidad de nuestra condición humana, afortunadamente se encuentra dentro de nuestras posibilidades como seres naturalmente empáticos. La donación altruista se nos plantea como un cambio cultural obligatorio de nuestros tiempos y, a la vez, nos presenta la posibilidad de trascender el egoísmo innato que como seres humanos compartimos. Todos tenemos la oportunidad de convertirnos en héroes modernos y cotidianos, salvando vidas a través de aquello que nos es tan propio que forma parte de la vida que ejercemos, potenciémosla dando vida a nuestros semejantes. Dentro del legado de nuestros aciertos y errores para las generaciones futuras se encuentran nuevas formas de vida que han explotado exitosamente nuestro comportamiento más íntimo, aquello que es tan bello que nos faculta para perpetuarnos, afortunadamente la naturaleza también nos ha dotado con una capacidad extraordinaria de crear cultura, que de alguna forma siempre ha sido capaz de contrarrestar estas adversidades. Heredemos también para nuestros hijos (actuales y futuros) una cultura que los fortalezca en la colectividad, esta será siempre la semilla que en potencia nos permite soñar en un futuro mejor.